“Para una respuesta integral al VIH tenemos que considerar también la salud mental”

15 Oct

El diagnóstico de VIH genera un impacto emocional muy grande en las personas, que puede influir incluso en que ésta se adhiera o no al tratamiento, dijo Martín Negrete, psicólogo e investigador de la Fundación Vencer.

Este impacto, explicó, quedó documentado en la investigación “Índice de Estigma en personas que viven con VIH (2016)”, donde por cada 100 personas entrevistadas, 85 de ellas habían experimentado algún sentimiento negativo hacia sí mismas en el último año por su condición de VIH.

 Esto se traducía a la vez en situaciones de autoexclusión, como decidir no tener hijos, no asistir a reuniones sociales/familiares, aislarse, evitar buscar asistencia médica, no tener relaciones sexuales, no solicitar mejoras laborales, abandonar sus estudios o el trabajo…

A estos pensamientos y sentimientos negativos de las personas con VIH hacia sí mismas el estudio lo llamó estigma interno.

La investigación concluyó que la dimensión de la salud mental-emocional, específicamente el estigma interno, representa uno de los principales obstáculos de las personas con VIH para adherirse al tratamiento y seguir llevando adelante sus proyectos de vida.

Frente a esto, la asistencia a través de estrategias de salud mental es una necesidad central, todavía más en los primeros años posteriores al diagnóstico, “donde en mayor medida se observa una prevalencia de creencias y sentimientos limitantes y negativos”.

Entre sus recomendaciones, el estudio señala la necesidad de:

-investigar mejor la relación entre estigma interno y adherencia al tratamiento;

- formar a profesionales de salud de todas las áreas sobre el impacto del VIH de tal forma a mejorar la vinculación de las personas con los servicios de salud;

-integrar a consejeros y promotores pares (otras personas con VIH) formados y capacitados en los diferentes servicios para que brinden orientación y se genere un vínculo diferente;

-promover que las personas con VIH compartan con grupos pares (personas que han pasado o atraviesan situaciones similares), como estrategia eficaz para reducir la ansiedad, el estrés, los temores y las dudas.

-desarrollar planes, programas, proyectos y estrategias de salud mental que monitoreen las condiciones de salud emocional y mental de las personas con VIH desde el inicio de su tratamiento y durante todo el proceso de terapia.

 “Si queremos una respuesta integral al virus tenemos que considerar también la salud mental”, dijo Negrete en referencia a la respuesta estatal frente al VIH. Para eso se debe pasar de un enfoque casi exclusivo de salud física individual a otro que considere además los aspectos mental y social.