La reivindicación de derechos LGTBI en Paraguay empezó 10 años antes que Stonewall y en plena dictadura

18 Jun

Las revueltas de Stonewall, que iniciaron el 28 de junio de 1969 en Nueva York, marcaron un antes y un después en la reivindicación de derechos de personas LGTBI en todo el mundo.

En Paraguay, el movimiento LGTBI tiene al 28 de junio como fecha internacional y al 30 de setiembre como fecha nacional de lucha por los derechos.

“Nuestra historia de lucha (…) empieza 10 años antes que Stonewall, en medio de una dictadura latinoamericana, donde una persona o un grupo de personas se animó a poner palabras en un papel y eso fue publicado en medios de prensa, y habrá llegado a muchas personas. Eso nos parece un acto heroico, un acto de valentía y también un acto de activismo, de lucha y de resistencia antes esa sociedad tan conservadora en que estaban viviendo en ese momento”, dice Erwing Szokol, abogado, investigador, activista de derechos humanos y miembro de la Coalición de organizaciones TLGBI de Paraguay.

Es que para el movimiento paraguayo la publicación de una carta el 30 de setiembre de 1959, en el periódico El Diario, es la primera expresión pública de reivindicación de derechos LGTBI.

Se trata de una carta anónima enviada al director del medio de prensa y que fue publicada por el mismo bajo el título de “La carta de un amoral”. En ella se hace constar una discrepancia con la postura editorial del medio, que llamaba “lacra social” a las personas gays.

“Nosotros seguimos una vocación que es tan antigua como la propia humanidad, y en este siglo de consagración de todos los derechos humanos, nadie puede negarnos el derecho de hacer de nosotros mismos, de nuestro continente físico lo que queremos, sin incomodar a los otros que no quieran hacer lo mismo”, decía la carta.

Es considerada como un acto de desagravio, si se tiene en cuenta que se publicó durante la mayor represión de la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989) hacia personas en disidencia sexual, con el apresamiento de 108 personas gays o que no se ajustaban al perfil de varón definido por la dictadura, que fueron sometidas a tortura policial y agraviadas socialmente por el régimen y la prensa nacional.

Si de por sí los estragos culturales de una dictadura de 35 años podemos definirlas como traumáticas, esta represión particularmente caló muy hongo en el imaginario colectivo de la sociedad paraguaya, hasta el punto de que durante muchas décadas, hasta fines de los años 90’s, en Paraguay uno de los insultos más utilizados era “108”. “Fulano es un 108” se decía, y eso tenía una carga agraviante enorme.  No existía otro insulto peor.

Hasta hoy en día, dice Szokol, no se conoce quién redactó la carta, y si se analiza su contenido, se puede concluir, incluso, que no la hizo una sola persona, sino tal vez, varias.

La represión a los “108” y “la carta del amoral” son hitos históricos fundacionales del movimiento LGTBI del país, desde que se propuso re-encontrar sus orígenes en proceso de rescate de la memoria histórica y reapropiación de su significado.

Pasaron décadas enteras hasta que los colectivos y el movimiento del país enfrentara los estragos de la dictadura en la sociedad, y se apropiaría de la tradición de lucha por los derechos, iniciada en 1959 de forma pública.

De hecho, incluso durante los primeros años de salida de la dictadura existía un contexto de violencia y posible detención policial para cualquier persona que asumiera públicamente su disidencia sexual.

 “Entonces eso llevó todo un proceso de entender nuestra historia y no ver el 108 como algo negativo. Pero antes sí decíamos “Ah no, yo no quiero ser un 108, yo no quiero que me llamen 108”, porque no conocíamos nuestra historia. Pero si releemos nuestra historia en términos de reivindicación de derechos y de lucha, te das cuenta que en realidad el 108 era alguien que no estaba de acuerdo con la dictadura, era alguien que no tenía miedo de expresar cómo era, entonces esto fue el proceso de cambiar, de pasar de lo peyorativo, o de la injuria al orgullo, o de pasar del olvido a la reivindicación y la apropiación del 108 como una forma de orgullo, y decir, yo soy un 108”, dice Szokol.

 

 

 

A lo largo de este mes la Fundación Vencer publicará notas relacionadas al tema.

Foto: Coalición TLGBI, imagen meramente ilustrativa.